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¿EL DISTRIBUTISMO?
Cuando la vida era corta, los medios reducidos y la instrucción limitada, cada uno tenía que hacer, lo más pronto, aquello que se le había pedido. Solo algunos privilegiados escapaban a esta condición. Hoy hay abundancia de capacidades humanas y materiales. El mercado no puede tomarlas en cuenta que por su valor comercial. Luchar porque éste sea más justo es pues otro error. La lógica quiere que nos liberemos de un modo de valorización vuelto arcaico. Ella impone invertir el origen de los salarios y del crédito. Estos serán distribuidos en proporción de la cantidad de productos disponibles y no redistribuidos en función de los beneficios realizados. Los cambios que resultan de esta inversión son considerables. Ya no temeremos el desempleo y la jubilación. Asi podremos consagrarnos a toda edad a las activi-dades que escojamos, pero no para tener un salario, ¡porque ya lo tendremos! No tendremos que aceptar condiciones de trabajo humillantes o malsanas. La investigación, las invenciones o la felicidad no dependerán más de los azares del mercado. ¡Adiós a la competencia generalizada y la violencia que ella trae! Los productos y servicios serán por fin creados en función de su valor de uso y no en su función redistributiva. Insistimos
en el hecho que pasar del redistributismo al distributismo (ver páginas
siguientes), no es que el aspecto material y económico del vuelco
propuesto. PROSPER |